¡Preocúpate de que no me tengas! : Se puede aprender a superar la preocupación

Angustia ante cualquier cosa que atente contra la vida

El progreso de la ciencia y la tecnología, lejos de disminuir nuestras ansiedades, las ha agravado. Hay miedo a las dificultades y sufrimientos del mundo, a las exigencias de la vida profesional, familiar o matrimonial; el miedo a no estar a la altura y el de los contratiempos y los golpes duros; miedo a las fuerzas de la naturaleza, tormentas eléctricas e incluso terremotos; secuestros y toma de rehenes, delitos y asesinatos; el miedo a una enfermedad larga e incurable, porque tememos no poder soportar los sufrimientos que imaginamos terribles.

La cura

El único remedio eficaz se encuentra en la fe en el Dios viviente. Jesús lo afirma: “Tendrás tribulaciones en el mundo…” (Jn. 16:33). Como sabía que sus discípulos no escaparían, termina esta frase con "pero anímate, yo he conquistado el mundo". A veces nos deja atravesar todo tipo de situaciones peligrosas para hacernos entender que tenemos que depender por completo de él. Así nos libera del miedo y podemos decir con el salmista: "El Señor es mi luz y mi salvación: ¿de quién tendré miedo?" (Sal. 27, 1).

El miedo a los ataques a nuestro "yo"

Todo ser humano exhibe tendencias egocéntricas y se siente angustiado cuando su reputación está en juego. Odia hacer el ridículo. Puede manifestarse como miedo al examen, miedo escénico o miedo a hacer algo mal. También podemos estar muy apegados a la comodidad, el dinero o la posición social. La sola idea de tener que renunciar a ella algún día puede engendrar una angustia terrible.

La cura

Se trata de aprender a reconocer esta tendencia en todas sus manifestaciones, aparentes o secretas. Considere el ejemplo de Jesús. No buscó su propia gloria, sino la de su Padre celestial (Jn. 7:18). Dejemos de querer lucirnos siempre frente a los demás. Lo importante no es quiénes somos a los ojos de los hombres, sino lo que Dios piensa de nosotros. Frente a su santidad, nuestro yo se vuelve diminuto. Confiemos nuestra vida al Dios Todopoderoso. El es el amo de nuestro cuerpo.

Ansiedades patológicas

Algunas personas, desde la infancia, están ansiosas sin conocer realmente el origen de estos sentimientos. Carecen de confianza en sí mismos y sufren un complejo de inferioridad. Les asalta el miedo de no haber hecho bien su trabajo o de haber herido a alguien con una palabra inapropiada.

La cura

Cuando se enfrenta a la falta de confianza y al temor de los demás, es importante recordar una verdad fundamental: incluso el hombre bien considerado en el mundo es solo un pecador ante Dios. Él, como cada uno de nosotros, necesita ser redimido. Si dependemos completamente de Dios, seremos independientes de la opinión de quienes nos rodean. Nuestra fe, cuando se coloca correctamente, nos permite enfrentarnos a los demás de manera completa y libre. Si nos esforzamos por hacer lo que agrada a Dios, no tendremos que preguntarnos si estamos agradando a los demás o si estamos haciendo lo correcto. Podemos confiar en que Dios nos inspirará, en el momento adecuado, con la comprensión correcta de las cosas y la decisión correcta.

Genevieve Radloff

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