¿Cómo manejar nuestras irritaciones y tener un enojo saludable?

Un ordenador que hace lo que le da la gana, un automovilista que está a unos centímetros de mi paragolpes trasero: en un día, las oportunidades de que nos llegue mostaza a la nariz son legión.

En la carretera, detrás de una computadora, en el trabajo, con nuestro compañero: ¡es desconcertante lo rápido que podemos ver el rojo! Pero en resumen, esto no es de extrañar: junto con el miedo, la tristeza y la alegría, la ira es una de las emociones básicas del ser humano.

Sin embargo, sus efectos destructivos sobre las relaciones humanas deberían invitarnos a no trivializarlo. El apóstol Pablo notó que la ira, si se sale de control, conduce a malas acciones: Si te enojas, no peques (Efesios 4:26). Pero, ¿por qué tomar precauciones cuando Dios mismo se enoja 375 veces en el Antiguo Testamento?

Ira humana e ira divina

Tim Jackson, un consejero de relaciones de ayuda, explica que la ira de Dios está en otro nivel. La ira humana suele estar vinculada a motivos egoístas (exigir que las cosas sucedan según nuestra voluntad), con consecuencias destructivas hacia los demás y hacia uno mismo (palabras hirientes, amenazas, golpizas).
La ira de Dios, encuentra su fuente en el mal y el pecado que resultan de ella y está destinada a promover un acto productivo. Dios lo usa para impulsar a su pueblo a cambiar o rectificar lo que está sesgado en su relación con él.

Reconoce su exasperación

Para contener un enojo basado en motivos egoístas y manejarlo de manera constructiva, Tim Jackson primero propone reconocer nuestro enojo: ¡Derrama tu corazón ante Dios y dile cómo te sientes!

Se trata entonces de darse el tiempo para examinar los méritos de nuestro nerviosismo, según este texto bíblico: Que todo hombre sea rápido para escuchar, lento para hablar, lento para enojarse (Sant 1,19). ¿Nuestra irritación se alinea con la de Dios o surge de demandas incumplidas? Puede ser útil hacerse preguntas como: ¿Por qué me enojé hoy? ¿Por qué mi enojo es tan fuerte ante un evento tan trivial? ¿Mi ira ha favorecido los intereses de Dios o los míos?

Cambiando nuestra forma de pensar desde la raíz

A menudo, nuestra ira proviene de la forma en que pensamos acerca de Dios. Al dudar de su amor, a veces nos enojamos porque lo resentimos por no conducir nuestras circunstancias como quisiéramos. De ahí la necesidad de una forma de pensar renovada y transformada (Rom. 12, 2). Tim Jackson escribe que este cambio influirá gradualmente en cómo nos sentimos.

Al optar por confiar plenamente en la bondad de Dios, al creer que él es un Padre al que le encanta dar cosas buenas a sus hijos, controlaremos gradualmente nuestra ira injustificada. Si bien nuestra ira no desaparecerá con un chasquido de dedos, ganaremos paciencia y autocontrol. También aprenderemos a expresar la ira semejante a la de Dios, basada en el rechazo del mal y la injusticia.

R.Piaget

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Artículo publicado originalmente el 10 de noviembre de 2021

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