Cuando el miedo nos impide seguir adelante ...

La mayoría de nuestros miedos se dividen en dos categorías: miedo a no recibir y miedo a perder.

La preocupación es universal, ¡incluso si sabemos con certeza que no mejorará nuestro estado de ánimo! La ansiedad que comienza con un pequeño agujero en nuestra cabeza luego abre un abismo que atrae todos nuestros pensamientos hacia él. Puede paralizarnos y, de hecho, obstaculizar nuestro caminar con Dios.

La dimensión divina

Muchas de nuestras ansiedades se reducen a una pregunta: "¿Qué pasa si no puedo? ". Sin embargo, si supiéramos con certeza que siempre estaremos a la altura de la tarea, esta pregunta dejaría de surgir. ¿Demasiado simplista? No si mantenemos la dimensión divina.

La Biblia contiene declaraciones de fe radicales: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece", o "No te preocupes por nada; pero, en todo, da a conocer tus peticiones a Dios ”. Este último verso está "intercalado" entre "Regocíjate en el Señor siempre" y "La paz de Dios guardará tu corazón y tu entendimiento". ¿No sería ese el enfoque correcto a seguir: regocijarse, tranquilizarse, descansar?

El precio a pagar

A veces, los cambios son necesarios. Sin embargo, cambiar puede ser doloroso, especialmente si una función está anclada. En cierta medida, nuestra identidad y nuestra seguridad se definen en relación con una determinada rutina. También es doloroso tener que abandonar a quienes nos frenan en ese proceso. Sin embargo, este es el precio a pagar. Dios tomándonos de la mano para llevarnos a un cambio: este es todo el apoyo que necesitamos.

Ayuda de dios

“El día que me asuste, es en ti en quien confío. No tengo miedo: ¿qué podrían hacerme los humanos? ”(Sal. 56,4-5).

No lo olvidemos: nuestro verdadero enemigo no es la tarea que tenemos ante nosotros, es el miedo. Pero Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Nos da el valor para actuar.

Identifiquemos lo que nos asusta, ya sea una posición importante, una llamada telefónica difícil, un rasgo de carácter para cambiar, y pidamos ayuda a Dios para hacer los cambios necesarios. No olvidemos que primero debes actuar antes de poder saborear el descanso y la confianza.

Si podemos analizar la situación y comprender cuál podría ser el peor resultado, ya no somos víctimas de nuestros miedos. Solo así podremos empezar a buscar una solución, aunque tengamos que dejar todo en manos del especialista, nuestro Dios amoroso. Estamos libres de miedo y podemos avanzar con energías renovadas.

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Artículo publicado originalmente el 21 de diciembre de 2021

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