Deporte: cuando el cuerpo se convierte en un recurso a valorar

La pandemia de Covid-19 ha confirmado el apetito de los franceses y las francesas por el deporte. Durante el confinamiento en particular, el deporte practicado cerca de casa, pero especialmente en casa, fue muy aclamado. En el último caso, las personas practicaban con mayor frecuencia ejercicios de musculación, cardio o yoga, gracias a la reconfiguración de sus hogares (marcas como Decathlon han equipado así en gran medida los hogares, ofreciendo kits de entrenamiento fáciles de usar en casa; del mismo modo, cursos que se ofrecen en línea en las plataformas se han disparado).

Sea cual sea la configuración elegida, el deseo y la necesidad de hacer “algo con el propio cuerpo” han estado en el centro de esta creciente demanda de deporte.

Esta preocupación por el ejercicio deportivo del cuerpo no es un fenómeno nuevo en sí mismo. Las mujeres y los hombres franceses son fanáticos de los gimnasios desde hace mucho tiempo y, en particular, del fitness. Si consideramos la estudios recientes, en 2019, alrededor de seis millones de personas estaban afiliadas a una de las 4 salas de fitness presentes en Francia. Como tendencia, se considera que el aumento de la afiliación a este tipo de salas ronda entre un 370% y un 4% anual.

Pero más ampliamente, esta preocupación por el cuerpo actual es también el resultado de un largo proceso histórico de "civilización", iniciado en el siglo XVIIIe siglo en particular, promoviendo gradualmente la idea de que el individuo está en el centro de la sociedad. Con la eliminación de los principales puntos de referencia ideológicos "impuestos", como el comunismo político o la adhesión a las principales religiones, el individuo es enviado de vuelta a sí mismo y depende de él construir una identidad. Este proceso implica un enfoque en el cuerpo, este "recurso físico" directamente accesible para cada individuo.

Cuando el capitalismo estructura nuestra visión del cuerpo

En la época contemporánea, esta tendencia se ha acentuado con las evoluciones del capitalismo. Si es cierto que no hay uno, sino varios capitalismos, nos referimos aquí al sistema económico como modelo de producción macroeconómica. Parmi d'autres caractéristiques, ce système est basé sur des principes structurants tels que la valorisation de la propriété privée, la sacralisation de l'organisation de la production, l'accumulation du capital, et la recherche d'un profit individuel valorisé socialement sur mercado.

Sin embargo, desde la década de 1980 en particular, este capitalismo ha estado marcado por cuatro grandes tendencias que han incidido en nuestra visión del cuerpo: (1) la sacralización del modelo del emprendedor, (2) la deportivización de la existencia, ( 3) la aparición y luego la difusión de “nuevas” tecnologías de la información, y (4) la progresión de las vulnerabilidades.

1. La sacralización de modelo emprendedor se refiere a la idea del hombre/mujer hecho a sí mismo, que se arriesga y que, si lo consigue, merece una justa recompensa. Además de los riesgos, debe pues organizarse racionalizando su plan de producción, es decir, no dejando nada al azar y dando prioridad al trabajo. En definitiva, la referencia al modelo del emprendedor contribuye a la culto al desempeño individualizado, donde el “cuerpo-proyecto”, producto del “sin dolor no hay ganancia”, constituye una posibilidad de concretar este espíritu emprendedor.

2. La sportificación de la existencia, que designa la realidad donde el deporte está cada vez más presente en nuestra vida cotidiana, se vincula con el primer principio. De hecho, los mandatos sociales de promover la salud individual a través del deporte, que no han hecho más que aumentar desde hace más de 30 años ("come y muévete", "come 5 frutas y verduras al día", etc.), han contribuido a que surja una emprendimiento y empresa del cuerpo. De ahí que el modelo del aclamado empresario sea el “atleta”, que ha triunfado gracias a los sacrificios realizados en el deporte. La responsabilidad individual de suscribir tal lógica es entonces "emprenderse" a través del propio cuerpo, lo que adquiere una dimensión moral: existe el cuerpo "bueno" y el cuerpo "malo", y el individuo es responsable de inscribirse en uno. o el otro.

Si logra producir el cuerpo “correcto”, el individuo obtiene un beneficio justo, para sí mismo pero también para la sociedad. Parafraseando al ex presidente estadounidense JF Kennedy, al invertir en el cuerpo, el individuo no debe esperar a la sociedad, sino por el contrario contribuir a su buen funcionamiento a través de sus propios esfuerzos. Por el contrario, el cuerpo "malo" es estigmatizado por sus costos individuales y sociales, y el individuo que lo porta se desliza entonces de la responsabilidad a la culpa: por qué, en una sociedad donde la producción del cuerpo deseado se presenta como siempre posible, el individuo no no cumplir con este reto? La condena económica y social de la obesidad ilustra esta cuestión.

3. Tecnología de la información aparecidos y difundidos, esencialmente desde la década de 1990, han participado en la constitución de un mundo globalizado que opera en redes y santifica la inmediatez. En este contexto, sobre todo a través de las redes sociales, se trata siempre de “hacer ver” para “ser visto” por el mayor número posible de personas. Esta lógica de espejo social virtual se basa en la comparación permanente de uno mismo con los demás, lo que incentiva el “siempre más” en el acto de consumo, para satisfacer necesidades aparentemente hedonistas. Una vez más, el cuerpo está en el centro de este proceso, ya que es este “recurso físico” que puede mostrarse fácilmente socialmente: posturas, vestimenta y, por supuesto, rendimiento deportivo. De hecho, construye un imaginario del cuerpo convocado a encarnar que “todo es posible siempre que se quiera”, creando una multiplicación de deseos.

4. Hemos entrado en un capitalismo de vulnerabilidades desde la década de 1980. vulnerabilidades se refieren aquí a situaciones de vida en las que el individuo carece de recursos (económicos, sociales, sanitarios, etc.) para afrontar dichas situaciones de vida y llevar una existencia integradora de la sociedad. Si bien las vulnerabilidades relacionadas con el trabajo a menudo se han destacado durante este período, las vulnerabilidades relacionadas con el sentimiento de inseguridad física, la identidad de género, la salud y el medio ambiente toman un lugar cada vez más decisivo. Estas vulnerabilidades van acompañadas de varios miedos: el miedo a ser atacado, el miedo a no ser lo suficientemente "hombre o mujer", el miedo a estar enfermo, el miedo a morir, y ahora el miedo colectivo a ver desaparecer la esperanza humana.

La conjunción de estas cuatro grandes tendencias nos ha hecho evolucionar hasta ahora hacia un capitalismo neoliberal, en el que el cuerpo se sitúa en el centro. De hecho, la producción del cuerpo es tanto un reflejo del sistema económico (a través del cuerpo como lugar de racionalización y el aumento de "magro" (músculo sin grasa) por ejemplo) como su vector: aplicar los principios del capitalismo a la propia cuerpo corresponde a la legitimación de las reglas del sistema, así como la investidura del cuerpo conduce al surgimiento de nuevas actividades económicas que constituyen una nueva esfera de acumulación de capital. A modo de ilustración, nótese que el mercado mundial de en complementos alimenticios está en auge: se estima que para 2024, este mercado estará valorado en 220 mil millones de euros.

El cuerpo-institución como valor último

Es en este contexto que hablamos del "cuerpo-institución": se percibe como el valor último, el camino de salvación, el refugio seguro por excelencia, en un contexto de deconstrucción del estado de bienestar, de menor impacto de ideologías totales y el surgimiento de frecuentes crisis globalizadas.

El concepto de institución se moviliza aquí para mostrar cuánto el cuerpo constituye una referencia esencial para las acciones sociales de los individuos, porque el cuerpo cristaliza la adhesión individual a todo un conjunto de reglas validadas socialmente.

Como si este recurso físico estuviese desligado del individuo, el cuerpo impone ciertamente a los individuos reglas de entrenamiento deportivo, pero más ampliamente reglas de vida: actitudes a favorecer, alimentación, vida social, etc. Estas reglas se perciben como legítimas porque ofrecen un ancla visible y sensorial en un mundo de ansiedades.

Trabaja en tu cuerpo para producirlo y potenciarlo

De ahí la evolución de las prácticas deportivas para producir el cuerpo: por ejemplo, el culturismo está menos de moda que hace 20 años, a diferencia del fitness, el CrossFit y los deportes de combate. Este cambio muestra que se trata menos de acumular cuantitativamente capital tangible que de poder utilizarlo lo mejor que pueda para ser flexible, reactivo, en movimiento y, por lo tanto, adaptarse para sobrevivir. El cuerpo es visto como la última institución que nos permitirá “hacer frente” a un mundo de incertidumbre.

Por eso, en el capitalismo neoliberal tal como se describe, el “cuerpo-institución” alienta a cada individuo a transformar la naturaleza de este cuerpo, haciéndolo evolucionar de un recurso físico a un capital que puede valorarse directamente en un mercado. Este mercado puede ser económico (mercado laboral) o simbólico (la adquisición de un estatus social a través de interacciones sociales, reales o virtuales).

Es cierto que el capital tangible es especial en el sentido de que es lábil, no perfectamente transferible a los herederos y no recuperable directamente a priori económicamente en la llamada economía del “conocimiento”.

Pero visto más de cerca, este capital ofrece oportunidades para la sustitución y complementariedad de formas de capital Por ejemplo, un gerente que está satisfecho con su capital físico puede sentirse más eficiente en el trabajo, aumentando así sus perspectivas de carrera. Además, es menos la esencia que la apariencia del cuerpo lo que cuenta en última instancia; la apariencia de salud más que la salud, en particular: enviamos señales sociales a través del cuerpo con la esperanza de dibujar un ganancia individual. Asimismo, vemos cada vez más flores. gimnasios con clase donde el desarrollo del capital tangible es un medio para desarrollar el propio capital social.

Este estatus de “cuerpo-institución” en el capitalismo neoliberal no deja de revelar contradicciones. Por ejemplo, notamos que la producción del cuerpo contribuye a difuminar la frontera trabajo/ocio, ya que producir el cuerpo deseado es similar al trabajo real.

Como cualquier obra, puede crear puntos de referencia, pero también el "mal del infinito" para citar al sociólogo. Emile Durkheim : en este último caso, el individuo ya no logra limitar sus deseos y entonces se vuelve insatisfecho e infeliz. Esta contradicción es, en particular, el resultado de la discrepancia entre la producción del cuerpo -basada en el largo plazo- y el consumo del cuerpo -sujeto al culto de la inmediatez y de los deseos ilimitados. Esta contradicción debilita el “cuerpo-institución”, cuestionando así nuestra filosofía de lo humano: ¿“ser” significa “tener” siempre más y siempre mejor? Porque en esta búsqueda del “cuerpo-institución”, a veces a toda costa, está en juego en última instancia el estatuto de lo humano: negar las debilidades del cuerpo, ¿no es negar lo humano?

Guillermo Vallet, Profesor, Universidad de Grenoble Alpes (UGA)

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