Haití: ¿Estado en quiebra o Estado en retirada?

El 25 de septiembre de 2022, un funcionario del Ministerio de Educación de Haití ha sido secuestrado a un costado de Delmas (departamento de Occidente). Un mes después, fue el turno de un exministro de Planificación. Estos dos eventos no son aislados, ni mucho menos.

El secuestro se ha convertido en un fenómeno frecuente en el país. En todas partes, las pandillas están ganando terreno, especialmente en el departamento de Ouest, donde el delito grave así como la violencia en todas sus formas están en su apogeo y cobran diariamente víctimas, en cuyo frente están los mujeres y niños. La sociedad está hecha pedazos y pobreza extrema sigue progresando.

Haití está en medio de un crisis total y polifacética (social, político, humanitario pero también simbólico), tanto que el sociogeógrafo Jean-Marie Théodat describe el país como verdadero "agujero negro" en el Caribe).

¿Cómo explicar semejante descenso a los infiernos? ¿Será esto el resultado del colapso de un estado en bancarrota, que se ha vuelto incapaz de asumir sus funciones soberanas? ¿No deberíamos más bien ver en ello la consecuencia de la actitud de indiferencia y retraimiento adoptada por un Estado que sólo desea conservar los escasos recursos de que dispone y captar los ingresos de la ayuda internacional así como las transferencias realizadas por comunidades de la diáspora ?

¿Cómo calificar el estado haitiano?

"estado fallido", “Estado en quiebra”, "estado fallido", tales son, entre otras, las expresiones utilizadas en los campos del desarrollo y la geopolítica internacional para describir el Estado haitiano.

Los autores que movilizan estos marcos conceptuales coinciden en al menos un conjunto de características para definir este tipo de Estado: ausencia casi total de servicios públicos, pérdida del control del territorio, corrupción generalizada. En verdad, no le vendería a nadie la idea de cuestionar la observación de que el Estado haitiano no logra ejercer el monopolio de la violencia legítima, como tampoco logra imponerse como único principio de organización del cuerpo social en todo el territorio nacional.

Debe señalarse, sin embargo, que estos conceptos sólo son operativos en el marco de un enfoque normativo del Estado, que consiste en definir al Estado sobre la base de lo que debe ser, en atribuirle funciones a priori, tales como garantizar prerrogativas internas, funciones básicas como la seguridad interna y externa. Este enfoque, aunque permite construir índices y clasificaciones internacionales, no tiene en cuenta la transformaciones del estado haitiano y tener una comprensión matizada de su fragilidad.

Un gobierno humanitario paralelo

Tres factores explican, a nuestro juicio, la actitud de repliegue del Estado haitiano y, correlativamente, su falta de voluntad política.

Primero, la aplicación, a fines de la década de 1980, de los planes neoliberales que contribuyeron al desmantelamiento de los principales servicios públicos estratégicos. Este proceso de privatización tuvo lugar en "perjuicio al Estado y al interés general" y es a raíz de esto que el Estado, en pleno proceso de atomización y desinstitucionalización, comienza a adoptar una actitud de repliegue para aprovechar mejor su connivencia -en perjuicio de las masas empobrecidas- con las empresas transnacionales, como , entre otras la empresa United Parcel Service (UPS), la empresa transnacional Monsanto, la compañía financiera internacional (sucursal del grupo del Banco Mundial). El progresivo desmoronamiento de los sectores estratégicos del servicio público por parte de los Planes de Reajuste Estructural induce a la vez transformaciones y nuevas relaciones con el Estado, funcionando éste según la razón rentista, para usar la noción del sociólogo Alain Gilles.

Luego, el ascenso al poder, a partir de la década de 1990, de un “gobierno humanitario paralelo” empuja al Estado a mantenerse cada vez más en un segundo plano en relación con muchas decisiones que, sin embargo, deberían ser un asunto de soberanía nacional. Así, a pesar de los esfuerzos que se hicieron durante la década de los 1980 para controlar su instalación, las ONG acabaron consolidándose como verdaderas "estados dentro de un estado".

En témoigne la pléthore d'ONG qui se sont implantées suite au séisme de janvier 2010, souvent à l'insu de l'État et dont certaines(par exemple l'ONG confessionnelle américaine Samarithan's Purse), étant donné les moyens dont elles disposent, están más poderoso que el propio estado. Este “sistema transnacionalizado de acción pública” ha tenido múltiples consecuencias, entre ellas la recomposición de la institución estatal y, en consecuencia, una nueva forma de gubernamentalidad.

Finalmente, los vínculos del estado con las pandillas desde fines de la década de 1990, vínculos que se han vuelto cada vez más intensos y visibles. El ejemplo más emblemático hasta la fecha sigue siendo la (bien documentada) alianza entre la Policía Nacional y el Federación de pandillas "Familia y aliados del G9" con el objetivo de combatir a otra pandilla llamada “400 Mawozos” (en criollo “chicos malos que no se interesan por las mujeres”).

Lejos de ser prueba de su debilidad o ausencia, estos vínculos reflejan las profundas transformaciones de un Estado patrimonial que, tras haber alcanzado su clímax, viene a retirarse bajo el efecto de una multitud de individuos egocéntricos (ricos, parlamentarios, políticos, actores transnacionales).

Estos se involucran en luchas entre facciones político-económicas y, en la mayoría de los casos, constituyen verdaderos microestados dentro del estado. Más que un déficit del Estado, debe ser visto como una forma de Estado de sombra (en el sentido de William Reno), que se reduce a juegos de actores, rivalidades económicas interindividuales (políticos, empresarios, intermediarios de todo tipo) en un contexto de violencia y criminalidad grave, como muestra el análisis de los siguientes conflicto sangriento ocurrió cerca de Laboule 12 (Comuna de Petion-Ville).

En tal configuración, a través de una hibridación de lo formal y lo informal, lo lícito y lo ilícito, el Estado recurre cada vez más a descarga es decir, interviene por poderes, especialmente en los barrios populares, delegando el trabajo sucio en bandidos para no tener que responder por sus actos. la masacre perpetrada en noviembre de 2018 en La Saline (municipio de Port-au-Prince) es un claro ejemplo de esta estrategia de intervención por poderes.

¿Retirada del Estado o Estado en retirada?

Examinar al Estado desde el punto de vista de su actitud permite comprender mejor el descuido que tiene frente a la sociedad y producir una lectura más matizada de su “fracaso”.

Su actitud de retraimiento e indiferencia, que encuentra su principio de explicación en el establecimiento de un gobierno transnacional paralelo (Banco Mundial, FMI, ONG, Grupo Básico) y la redefiniendo el lugar del estado en la acción pública es, al menos en muchos casos, sólo una postura adoptada para hacer creer, según las apuestas del momento, en su debilidad estructural.

Porque el Estado sabe demostrar una gran capacidad de negociación cuando están en juego sus intereses, en particular los económicos, como hemos visto en el caso de la Parque Industrial Caracol en el departamento del Nordeste, este famoso proyecto financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por valor de 224 millones de dólares y que iba a convertir a Haití en el Taiwán del Caribe.

Si el Estado queda en un segundo plano es porque el interés general ya no es su prioridad y ya no le interesa pensarse a sí mismo como el principio organizador del mundo social, aunque pase, a veces, por movilizar discursos retóricos. estrategias para hacer creer a la gente en su neutralidad.

lukinson juan, Profesor de Ciencias Sociales en la Universidad Estatal de Haití, Universidad Estatal de Haití

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Crédito de la imagen: Creative Commons/ Picryl

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